El silencio de la escuela de La Sagrada lo rompen cuatro hombres que juegan amistosamente a las cartas.

El sol entra a raudales y encuentra el vacío allí donde, antaño, trepaban multitud de plantas generosamente regadas con el agua del pozo acarreada por turnos a la hora del recreo.
Inmaculada nos cuenta el berrinche y la pataleta que la maestra se cogió cuando, un día, al abrir la tapadera de la pesada olla de barro, en vez del líquido la encontró llena de bellotas. Esta antigua alumna no recuerda de quién fue la idea, pero sí el terrible castigo de aquella maestra, delgada, pelo teñido, siempre de negro y zapato de tacón alto que a ella le recordaba a su abuela y que, en 1972, con 69 años concursó para pedir el traslado a Madrid.


Escuela, casa de la maestra y Ayuntamiento

La tarea de las niñas era barrer dos veces por semana, el suelo de baldosas rosáceas por donde hoy se esparce el sol sin obstáculos de sillitas y mesas para los más pequeños y pupitres de dos plazas para los que pasaban de ciclo, no tanto por edad y talla como por conocimientos adquiridos.
Requisito para entrar a la escuela era saber leer y a Inmaculada le enseñó su padre. La maestra no tenía tiempo para tan complicada destreza. Su tarea era enseñar al grupo mixto de casi 50 a navegar por el mapa de España, las conjugación de los tiempos verbales, la división por muchas cifras y las largas poesías de más de seis páginas recitadas a dúo el día de la Comunión, ceremonia en la 
que la maestra se volcaba y en la que le gustaba lucirse. 
Exigente para la letra, le privaba el razonamiento que 
encerraban aquellos problemas de padres e hijos que se doblaban la edad y de estanques que se llenaban recibiendo
litros de agua abriendo dos grifos 
      Trasera de la escuela de La sagrada
       seguida de la antigua casa de la maestra y del
       edificio nuevo del Ayuntamiento.
 
La Concentración Escolar de La Fuente de San Esteban cerró las puertas de esta escuela hasta diciembre de 1978, reabriéndolas al curso siguiente para acoger a los niños y niñas que sobrevivieron el mortal paso del tren que acabó con el talento, fantasías y sueños de 15 compañeros y compañeras de La Sagrada y muchos otros de los pueblos vecinos que viajaban en el autobús escolar.
La palabra "escuela" está asociada en el alma de este pueblo a toda esa generación perdida,  imborrable en sus corazones.

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